Al desnudo

diciembre 1, 2011

Foto: http://www.365noticias.com

Ahí estaban, desnudos, frente a frente. El olvido los había unido y hoy, en esa cama doble de colchón blando, con las sábanas arrugadas por el rastro de dos cuerpos que estaban sobre ella, dieron por finalizado algo que llevaban haciendo desde hacía tres meses.

El primer día, simplemente le había dado un beso, profundo, le hizo erizar todo, pero no fue nada, al segundo le rozó el cuello con sus dedos, al tercero le besó la oreja, al cuarto se sumergió en su olor. Así se seducían, jugaban cada vez más, mientas más se veían. Se saboreaban, se excitaban, se desnudaban, cada día una prenda distinta pero nunca se habían quedado como estaban ahora, sin ropa, sinceros.

La besó profundamente, ella le acarició el cabello. Sus senos rosa jugaban a combinar con el color trigueño casi oscuro de la piel de él. Los cabellos se mezclaban en la almohada, la humedad de la entrepierna de ella, era similar a la erección de la de él. Se deseaban. Desde el primer día, desde el primer beso.

A los treinta días la delineó con la lengua desde la clavícula hasta el lóbulo de la oreja, en repetidas veces, hasta sentir los poros de ella explotar. A los cuarenta fue ella la que introdujo su mano bajo la camisa de él y le recorrió la columna con la punta de las uñas. Jugaban, si, se deseaban, cada día más.

-Quiero sentirte- le dijo él una vez.

Ella se sonrojó, sonrió, agachó la cabeza, lo besó. Él sonrió también.

El frío se filtraba por la ventana, pero ambos se tenían ahí, al descubierto, abrazados, se acariciaron desde la punta del cabello hasta la de los pies, los ojos cerrados, los labios abiertos, las lenguas sedientas, los poros dispuestos.

La noche se hacía cada vez más oscura, los cuerpos cada vez más claros, el fuego de sus corazones volvía con olvidos.

-Te quiero tener así toda la noche- le dijo ella a él.

Él se sonrojó, sonrió, agachó la cabeza, la besó. Ella sonrió también.

Se quedaron desnudos una hora. Simplemente se sintieron, piel con piel, sin sudor, sin pudor, sin pena. Algunos dicen que desnudarse sin penetrarse no vale la pena. Pero el aliento de él sobre el cuerpo de ella y los besos de ella, sobre el aliento de él, son más recompensa que cualquier orgasmo. Para sentirse, para recorrerse, para penetrarse, tendrán el resto de la vida. Para conocerse, solo esta primera vez.

Miraron el reloj. La madrugada se hacía cada vez más fría. Se vistieron. Se besaron. Juraron volver a hacerlo. Hoy solo quieren desnudarse, conocerse, recorrerse, desearse.

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Primera vez o juego de tenis

marzo 23, 2011

Foto: http://www.delejuventudcordoba.es

Era miércoles, llovía en Naranjal, municipio a las afueras de Primavera, donde vivía ella, quien recién había salido de la ducha cuando contestó el teléfono.

-Hola- escuchó al otro lado que él le decía.

-Hola lindo, ¿Cómo estás?- respondió ella.

-Bien, acá mojándome

-Eso escucho, ¿Dónde estás metido?- le preguntó.

-En el parque de Naranjal- respondió él.

-Qué bueno- respondió ella que sintió algo en el estómago apenas lo escuchó- ¿Vas a venir a verme?- le preguntó.

-Si Quieres que vaya, voy- Respondió él coqueteando.

-Claro que quiero que vengas y así acabamos lo de la otra vez- dijo ella mientras el pitido le anunciaba el final del saldo que le ofrecía la moneda que le había echado al teléfono.

Colgó y ahí mismo pasaba el colectivo que lo llevaba a la urbanización de ella. Le puso la mano, pagó los mil pesos que llevaba en el bolsillo derecho del pantalón y se sentó a escuchar música que cargaba en su Ipod.

Llegó a su destino, dio un timbrazo y un brinco para bajarse apenas el colectivo se detuvo, miró a ambos lados y cruzó la calle, llegó a la portería y se hizo anunciar.

-Que pase- le dijo el celador luego de haber cruzado un par de palabras con ella al otro lado de la línea.

Con la lluvia en los hombros atravesó toda la urbanización, subió siete pisos por las escaleras y llegó al siete quince, apartamento que apenas sonó el timbre abrió sus puertas.

Llevaban veinte días de novios y se conocían hacía unos seis o siete meses, que hablaban todos los días hasta las dos de la mañana. Ella esa tarde tenía clase de tenis y cuando él la encontró en casa, ya estaba vestida con su falda pequeña, su camiseta cuello polo y sus tenis reebok con agarre especial para la cancha de polvo de ladrillo.

Afuera el cielo se caía y mojaba todo Primavera, ella viendo que no tenía ganas de escampar, se le echó encima, lo amarró con sus piernas y le pidió que la llevara al cuarto, él con el peso de ella encima, soltó como pudo su bolso apenas llegaron al cuarto y la arrojó en la cama. Como compartía un camarote con su hermana y ella dormía arriba, pensó durante un momento donde acabar con esas ganas que traía desde hacía unos días.

Al final se decidió por la parte de abajo y allí se tumbó, mientras lo invitaba a que se le acercara, le dio un beso, le mordió el labio y lo rompió, no le importó y siguió besándolo, poco a poco le fue quitando los zapatos, el pantalón. Él no se quedó atrás y fue metiendo su mano bajo la falda, le arrancó los shorts y la vio desnuda.

-¿Quieres que lo haga?- le preguntó tembloroso.

-Sí, es lo que más deseo- le respondió ella.

-Es mi primera vez, ¿lo sabes?

-¿En serio?- Respondió ella sorprendida- Igual tranquilízate.

-¿Por qué, no es la primera vez tuya?

-No, así que relájate.

Él tomó el condón en sus dedos lo puso bien, aun seguía temblando, se acostó sobre ella y poco a poco la fue penetrando, despacio, ella miraba tranquila y disfrutaba, aun conservaban sus camisetas, naranja y blanco frente a frente, un par de besos, mojados, con la lengua conociendo esos labios, él se movía torpemente, ella también, en poco tiempo ya habían acabado, no fueron más de cinco minutos, él se acostó a un lado de ella y se limpió, ella salió corriendo al baño, también había sido su primera vez, pero no se lo dijo sino hasta meses después.

 


Primera Vez

febrero 22, 2011

A Laura por el reto y la confianza.

Foto: http://elhijodedios.com

Era de esas noches lluviosas en las que lo único que quedaba para hacer era sacarle el polvo a los juegos de mesa y utilizarlos para vencer el aburrimiento de un grupo de jóvenes que rondábamos entre los catorce y los diecinueve años.

Éramos varias parejas, que el frío de la finca hacía que nos acercáramos a quien fuera nuestro par, en mi caso, él.

Esta noche será mi noche, tal vez pensaba él. Llevábamos juntos desde que yo tenía doce años, en ese tiempo éramos una pareja llena de inocencia que no pensaba en nada más allá que unos simples besos. Cuando nos formalizamos yo ya tenía catorce y él, mayor que yo tres años me dijo que era lo que más había anhelado.

Fue hace un año ya que decidimos formalizarlo, pero nunca habíamos pasado de un beso profundo que me erizara todo y una caricia tierna. Digo que pensaba eso, porque en la cara que tenía cuando me invitó se le notaba. Yo igual también quería. Era tal vez la recompensa que ambos merecíamos tan larga espera.

Me tomó del brazo mientras todos jugaban un gran turno de UNO, me alejó del grupo y me metió en la habitación. Yo sabía a lo que iba, era inevitable y con mis nervios a flor de piel, las mariposas en el estómago y un deseo insaciable, empecé a besarlo profundamente y a desnudarlo. Le arranqué la camisa pese a tener ese miedo a ser descubiertos. Él más prudente me arrancó el pantalón.  Asi poco a poco nos íbamos quitando una a una las prendas, bajo mi camisa blanca desabrochó el brassier y empezó a lamerme los senos, era la primera vez que alguien lo hacía, pero lo hizo con tanto amor, que no se sentía tan desagradable como yo pensaba.

Él ya totalmente desnudo, solo tenía sus medias puestas, yo solo tenía sobre mí unos calzones infantiles y podía sentir toda la atención del juego de UNO, puesta sobre nuestra habitación. Pero sin embargo seguía dispuesta a acabar con tan larga espera. Poco a poco me fue bajando los calzoncitos, esos que dije que eran infantiles y que estaban tan mojados que lo hicieron excitarse más. Ahí estábamos, él debajo de mí, solo era mover las caderas y el coito que tanto esperábamos se podía dar. El angulo recto que formábamos perfectamente, se veía reflejado en forma de sombras en la pared. Sedientos de placer, la lluvia afuera golpeaba aún más, nuestros amigos pegados a la puerta, pendientes a nuestro momento. Te amo, me susurraba, yo inocentemente le decía lo mismo.

Lo tomé, estaba tan perfecto, tan sincero que los besos que me daba en el cuello me hacían subir más y más la excitación, tanto que solo atinaba a rasgarle la espalda con mis uñas, él parecía disfrutarlo. Cuando quise que lo hiciera, que por fin me sintiera, estuviera dentro de mí y saciara esa sed que teníamos el uno del otro, se lo pedí, casi que a gritos. Pero cuando ya estaba dispuesto a penetrarme, pasó lo impensable, hasta ahí llegó, su cuerpo descargó todo el placer, que salió expulsado en una larga fuente poco a poco, en chorros largos y luego cortos. Ahí quedó, exhausto, mirando al techo. Yo me vestí nuevamente y salí a seguir jugando, él durmió hasta el otro día, nuestro encuentro quedó pospuesto.