Susurros

noviembre 19, 2012

 

Foto:  http://www.queeselamore.net 

Se susurraron en la boca todo eso que sentían, entrelazaron sus manos y sus cabellos, se sumergieron en el mar de miel de la bonanza y hundieron sus recuerdos en el pasado de la ausencia.

Se miraron a los ojos, grises ya, deteriorados, arrugados, se sonrieron, amarillos.

El viento helado les congeló las orejas, el frío les ennegreció las ojeras, esas mismas que los habían enamorado, estupefactos se miraron.

Miraron las fotos, los sueños, las horas, miraron sus manos, sus dedos, sus recuerdos. El café se deshacía sobre la mesa, las galletas entre sus bocas, las sonrisas entre sus ojos.

El pasado les llegó con la lluvia, habían estado juntos, habían vivido solos, se habían tenido siempre, se habían alejado todo. Perdieron el contacto y se reencontraron.

Cuarenta años pasaron, hasta el día del susurro, los labios se abrieron, se recorrieron, no se olvidaron. Se reconocieron en la oscuridad, se abrazaron nuevamente, se inspiraron, se acabaron, se soltaron.

Soplaron el café al mismo tiempo, interpretaron el piano, se leyeron algunas notas que se enviaban en la juventud, se olieron.

-Ya hueles a viejo- Le dijo ella.

Él sonrió, la miró a los ojos, le vio la lágrima que le iba a recorrer al día siguiente el rostro, suspiró, la inspiró.

Comieron bajo la luz de dos velas, sobre dos copas de vino y un plato de codorniz asada. Se sumergieron, arreglaron cocina, se sentaron en un mueble, se perdieron.

Las hojas de los libros que alguna vez leyeron les sirvieron de manta para lo que se deseaban, las notas de la música fueron la almohada perfecta para que sus cabezas descansaran, los boleros del vestido de ella se fueron convirtiendo en la melodía que ambientó el momento, las flores perfumaron el lugar, las arrugas desaparecieron, se besaron, se fundieron.

Se perdieron en palabras, en excesos, en deseos, se sumergieron entre los besos que se dieron, los susurros los desintegraron, los apagaron, murieron.

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Al desnudo

diciembre 1, 2011

Foto: http://www.365noticias.com

Ahí estaban, desnudos, frente a frente. El olvido los había unido y hoy, en esa cama doble de colchón blando, con las sábanas arrugadas por el rastro de dos cuerpos que estaban sobre ella, dieron por finalizado algo que llevaban haciendo desde hacía tres meses.

El primer día, simplemente le había dado un beso, profundo, le hizo erizar todo, pero no fue nada, al segundo le rozó el cuello con sus dedos, al tercero le besó la oreja, al cuarto se sumergió en su olor. Así se seducían, jugaban cada vez más, mientas más se veían. Se saboreaban, se excitaban, se desnudaban, cada día una prenda distinta pero nunca se habían quedado como estaban ahora, sin ropa, sinceros.

La besó profundamente, ella le acarició el cabello. Sus senos rosa jugaban a combinar con el color trigueño casi oscuro de la piel de él. Los cabellos se mezclaban en la almohada, la humedad de la entrepierna de ella, era similar a la erección de la de él. Se deseaban. Desde el primer día, desde el primer beso.

A los treinta días la delineó con la lengua desde la clavícula hasta el lóbulo de la oreja, en repetidas veces, hasta sentir los poros de ella explotar. A los cuarenta fue ella la que introdujo su mano bajo la camisa de él y le recorrió la columna con la punta de las uñas. Jugaban, si, se deseaban, cada día más.

-Quiero sentirte- le dijo él una vez.

Ella se sonrojó, sonrió, agachó la cabeza, lo besó. Él sonrió también.

El frío se filtraba por la ventana, pero ambos se tenían ahí, al descubierto, abrazados, se acariciaron desde la punta del cabello hasta la de los pies, los ojos cerrados, los labios abiertos, las lenguas sedientas, los poros dispuestos.

La noche se hacía cada vez más oscura, los cuerpos cada vez más claros, el fuego de sus corazones volvía con olvidos.

-Te quiero tener así toda la noche- le dijo ella a él.

Él se sonrojó, sonrió, agachó la cabeza, la besó. Ella sonrió también.

Se quedaron desnudos una hora. Simplemente se sintieron, piel con piel, sin sudor, sin pudor, sin pena. Algunos dicen que desnudarse sin penetrarse no vale la pena. Pero el aliento de él sobre el cuerpo de ella y los besos de ella, sobre el aliento de él, son más recompensa que cualquier orgasmo. Para sentirse, para recorrerse, para penetrarse, tendrán el resto de la vida. Para conocerse, solo esta primera vez.

Miraron el reloj. La madrugada se hacía cada vez más fría. Se vistieron. Se besaron. Juraron volver a hacerlo. Hoy solo quieren desnudarse, conocerse, recorrerse, desearse.


Amor para meter al microondas

septiembre 29, 2011

Había esperado toda su vida por la oportunidad que se le estaba presentando en este momento.

Ella, con su vestido de ranas bien limpio, él con el suyo de jirafas, frente a frente, sin decirse nada por la timidez de ambos, y eso que llevaban varios meses viviendo juntos, pero nunca habían estado tan cerca.
Él siempre la contemplaba en la distancia, como se mira una foto. Se había enamorado de su esponjado cabello, que a veces era del color de la canela más fresca y otras veces, simplemente, era rubia como una cerveza, pero sin alcohol y no tan fiestera.
Ella, que también gustaba de él, lo observaba siempre con su traje colorido de jirafas, su gran boca le encantaba y solo soñaba poder juntarla con la suya y sumirlas en un profundo beso que les durara unas horas, muchas horas.
Esta vez era la oportunidad, el hacinamiento que había en su lugar de descanso en la casa, los llevó a estar cerquitica, separados por uno o dos centimetros.
Era la oportunidad, pensaron ambos.
-Hola- le dijo él.
-Hola- respondió ella timidamente.
-Es que… es que…- gagueó él.
-¿Es que, qué?- preguntó ella.
Él cerró los ojos y empezó a decirle.
-Es que siempre había querido estar tan cerquita tuyo y no se había presentado la oportunidad para hacerlo, igual, era solo para decirte…
En ese momento, alguien más entró a la cocina, era Maria, una mujer de cabello castaño, rizado, que la tomó a ella de la oreja, le echó leche hirviendo, luego un poco de Milo y se fue tomando el líquido para el cuarto.
-Me encantas- terminó de decir él con los ojos cerrados y cuando los abrió y no la vio, sintió que lo había dejado. Pero antes de que se desilusionara, alcanzó a divisar unos granos de Milo en el piso, asi que suspiró, esperó y aspiró a que ella volviera algún día, o al menos a que se sirviera café en ambos para una visita que llegara a la casa y así, estar bien cerquita para poder hablar.
Foto: JuanSe

Frente a frente

julio 14, 2011

Estaban el uno frente al otro. Andrés indignado, Steinway sonriente. Andrés desnudo, dejando todo para poder terminar, el otro se dejaba llevar por el momento, dejaba que las manos de Andrés lo recorrieran de un lado a otro, hicieran presión y luego, indignado volviera a tumbarse sobre él, con las manos cruzadas y lamentando no ser capaz de culminar todo.

Asi había sido durante las últimas tres horas, durante los últimos meses, trataba y trataba, se esforzaba, se daba golpes en la cabeza, sudaba, ponía sus manos sobre Steinway y apenas empezaba a recorrerlo con los dedos, a deletrearlo, dibujarlo, sentirlo, llegaba a un punto en el que no podía seguir adelante. Algo se lo impedía.

La gaseosa seguía chorreando y Andrés se lamentaba, quería terminar, ser capaz y no podía, por más que le susurrara a Steinway, por más que lo acariciara, no era solo la disposición de Steinway, quien siempre estaba dispuesto, sino que Andrés fuera capaz de vencer su bloqueo, ese estereotipo que tenía en la cabeza y se viera ahí, conquistándolo, surcando uno a uno todos los obstáculos que se encontraba en el recorrido por el cuerpo de quien hoy estaba frente a él.

Andrés se paró, se dirigió a la ventana y allí encendió un cigarrillo, se tomó un vaso de vodka, pensando que el alcohol podría ayudarle a hacerlo con mayor arrojo, Steinway siguió estático esperándolo a que regresara.

-¿Qué será? ¿Por qué no seré capaz? ¿Si todos dicen que para mí es fácil? – se decía mientras la ceniza iba consumiendo el cigarro entre sus dedos.

Arrojó la colilla por la ventana, soltó la última bocanada de humo hacia el exterior y luego volvió decidido a sentarse donde lo esperaba Steinway. Esta vez empezó con mayor velocidad y una técnica más limpia que la implementada anteriormente, pese a que no le gustaba tocar a Steinway con las manos sucias, esta vez la decisión no lo dejó pensar y simplemente quiso terminar lo que llevaba tanto tiempo empezado.

Pero otra vez, cuando llegó al mismo punto, a ese en el que estaba bloqueado, se tuvo que detener, los dedos se le trabaron y la sonrisa de indignación, de rabia se dibujó en su rostro. Decidió no seguir adelante, miró fijamente a Steinway y le estiró los brazos, lo empujó con fuerza, pese a que era pesado lo movió rápidamente y cuando menos pensó lo tenía contra la pared, allí trató de recorrerlo nuevamente con los dedos y volvió a trabarse en el mismo punto, asi que cogió impulso y empujó con más fuerza aún, rompió la pared con el cuerpo de Steinway, quien con su piel oscura y su peso, se dejó caer en el vacío, diez pisos cayó, mientras Andrés lloraba y miraba agitado desde donde su apartamento.

Esa fue la manera en que Andrés acabó con su piano Steinway, todo por no ser capaz de interpretar el Nocturno 13 de Chopin, todo porque solo pensar que Chopin era imposible, lo llevó a matar a su único amigo, a ese que había estado siempre, incluso en los momentos en que todo parecía imposible.

Foto: http://mi-valvuladeescape.blogspot.com


Reencuentro

abril 13, 2011

Ilustración: JuanSe

Estaba cerrando el telón de una relación y en las recomendaciones para agregar ella se apareció, se preguntó si tal vez era esa del pasado, y cuando la agregó era quien había pensado.

Le habló solamente para saber cómo estaba y ella sin ningún desvelo, toditito le contaba, al él hacerla reír y ella ver su alegría, al Messenger de repente dijo que lo agregaría. Tal vez era el pasado o ese maldito destino pero esta oportunidad ante cualquiera es un desatino y seguían conversando y riéndose de la vida y a veces la recordaba con rabia y con alegría; se acordaba que ella, fue su primera canción y que también fue el sueño que durante muchos meses le faltó. Igual, estaba contento, tenía con quién hablar, alguien con quien reírse y hasta en las noches soñar

Luego de un tiempo hablando, unas dos o tres semanas, ella pidió las canciones que de su puño sacaba. Él sonrió y se puso rojo, no sabía si significaba, o si alguna de esas letras la había dejado marcada. Ella volvió a mirar lejos, sonrió sin decir nada, solo esperaba el momento en que él se las enviara.

Las perdió hace unos meses, luego de más de cinco años y ahora que lo encuentra quiere leerlas a diario. Él empezó a mandarlas, una por una, año tras año, miraba en todo su archivo y el recuerdo fue llegando.

No lloró y es aceptable, tal vez lo había superado, pero igual fueron sentimientos que con amor había plasmado, le mandó dos grabaciones y tres letras en un Word, ella le dio las gracias pero nada le creyó.

Solo hasta que él arriesgado, pese a su timidez, le contó la decisión de escribirle alguna vez, ella maldijo el momento en que le había dicho adiós, también dijo sentirlo, que nunca fue su intención

Él entendió sin problemas, nunca la había odiado, es más cuando se alejó, en silencio la había amado y aunque a tristezas y llantos, le sumó un amor profundo, alejarse de ella lo tranquilizó un segundo; y ella ahora entendía, porque tal vez la distancia y esa manera tan fría en que él se fue de su estancia.

Entonces ahí decidieron salir y verse algún día, para hablar de ese pasado y tomarse una malta fría.

Entre charlas y charlitas, chistes buenos y otros malos, se hablaron esa tarde y a un acuerdo no llegaron.

Poco a poco fue pasando, el tiempo en la habitación, él en el monte escribiendo ella en una gran construcción, no llegaban a un acuerdo, pero ambos se recordaban y ella aun se maldecía, por perderlo en el pasado.

En una canción tal vez, le expresó ese sentimiento, él no supo qué hacer, solo disfrutó el momento

Y así entre canciones y rimas, se fueron mandando besos, él era un idiota más abarrotado de recuerdos. Ella solo sonreía por leer sus pendejadas y a veces ¿Por qué lo eché? entre dientes preguntaba.

El día pasó tranquilo y ella soñaba con él, él tan solo sonreía cuando en línea la podía ver. Volvieron a quedar de verse, pero nada aconteció, ella estaba ocupada y no lo podía atender, apenada esa noche, mil disculpas le pidió, quedaron de verse pronto y seguir la conversación.

Igual se enviaban canciones que se podían dedicar, ninguno decía nada, pero se podía notar.

Luego de haber conversado y él haber escrito un cuento, ella sonrió, miró al cielo y pidió tener recuerdos. Lo había olvidado todo, pero igual lo disfrutó, la memoria que él tenía, volvió y la maravilló; revivió tantos momentos de la infancia, del pasado, del momento en que pequeños él se había enamorado y aun están diciendo cosas, frente a frente, separados, el en su casa en el monte ella en su edificio alto.

 


Primera vez o juego de tenis

marzo 23, 2011

Foto: http://www.delejuventudcordoba.es

Era miércoles, llovía en Naranjal, municipio a las afueras de Primavera, donde vivía ella, quien recién había salido de la ducha cuando contestó el teléfono.

-Hola- escuchó al otro lado que él le decía.

-Hola lindo, ¿Cómo estás?- respondió ella.

-Bien, acá mojándome

-Eso escucho, ¿Dónde estás metido?- le preguntó.

-En el parque de Naranjal- respondió él.

-Qué bueno- respondió ella que sintió algo en el estómago apenas lo escuchó- ¿Vas a venir a verme?- le preguntó.

-Si Quieres que vaya, voy- Respondió él coqueteando.

-Claro que quiero que vengas y así acabamos lo de la otra vez- dijo ella mientras el pitido le anunciaba el final del saldo que le ofrecía la moneda que le había echado al teléfono.

Colgó y ahí mismo pasaba el colectivo que lo llevaba a la urbanización de ella. Le puso la mano, pagó los mil pesos que llevaba en el bolsillo derecho del pantalón y se sentó a escuchar música que cargaba en su Ipod.

Llegó a su destino, dio un timbrazo y un brinco para bajarse apenas el colectivo se detuvo, miró a ambos lados y cruzó la calle, llegó a la portería y se hizo anunciar.

-Que pase- le dijo el celador luego de haber cruzado un par de palabras con ella al otro lado de la línea.

Con la lluvia en los hombros atravesó toda la urbanización, subió siete pisos por las escaleras y llegó al siete quince, apartamento que apenas sonó el timbre abrió sus puertas.

Llevaban veinte días de novios y se conocían hacía unos seis o siete meses, que hablaban todos los días hasta las dos de la mañana. Ella esa tarde tenía clase de tenis y cuando él la encontró en casa, ya estaba vestida con su falda pequeña, su camiseta cuello polo y sus tenis reebok con agarre especial para la cancha de polvo de ladrillo.

Afuera el cielo se caía y mojaba todo Primavera, ella viendo que no tenía ganas de escampar, se le echó encima, lo amarró con sus piernas y le pidió que la llevara al cuarto, él con el peso de ella encima, soltó como pudo su bolso apenas llegaron al cuarto y la arrojó en la cama. Como compartía un camarote con su hermana y ella dormía arriba, pensó durante un momento donde acabar con esas ganas que traía desde hacía unos días.

Al final se decidió por la parte de abajo y allí se tumbó, mientras lo invitaba a que se le acercara, le dio un beso, le mordió el labio y lo rompió, no le importó y siguió besándolo, poco a poco le fue quitando los zapatos, el pantalón. Él no se quedó atrás y fue metiendo su mano bajo la falda, le arrancó los shorts y la vio desnuda.

-¿Quieres que lo haga?- le preguntó tembloroso.

-Sí, es lo que más deseo- le respondió ella.

-Es mi primera vez, ¿lo sabes?

-¿En serio?- Respondió ella sorprendida- Igual tranquilízate.

-¿Por qué, no es la primera vez tuya?

-No, así que relájate.

Él tomó el condón en sus dedos lo puso bien, aun seguía temblando, se acostó sobre ella y poco a poco la fue penetrando, despacio, ella miraba tranquila y disfrutaba, aun conservaban sus camisetas, naranja y blanco frente a frente, un par de besos, mojados, con la lengua conociendo esos labios, él se movía torpemente, ella también, en poco tiempo ya habían acabado, no fueron más de cinco minutos, él se acostó a un lado de ella y se limpió, ella salió corriendo al baño, también había sido su primera vez, pero no se lo dijo sino hasta meses después.

 


Besos de chocolate blanco

marzo 15, 2011

Hacía tres años que no vivían juntos, ella había decidido salir huyendo con sus celos para otro refugio y nunca más volvió. Cuando él regresó a casa esa noche, encontró el closet vacío y esos sueños rotos en el piso que le cortaban los descalzos pies.

Era distinto esta vez, ella había querido regresar, verlo nuevamente, compartir un café como en el pasado y escucharlo leerle versos en el parque, mientras los sanduches rellenos de mermelada de piña les aguaban el paladar, finalizar en sus piernas dormida o mirándolo desde abajo con el sol a las espaldas y enamorarse nuevamente, solo que sin hacerle nada, ahora compartía su vida con otro hombre, ella decía que no tan perfecto como fue todo con él, pero que se sentía bien. Él también había cambiado ya, tanto que el chip del amor ahora señalaba hacia otro lado, aunque era innegable lo que le producía cada vez que la veía y más cuando esos encuentros eran tardes solo para ellos.

Él llegó puntual, el parque era el mismo que visitaban los miércoles después de clase, sacó su libro, preparó la canasta a su lado y se sentó a esperarla, sabía que pese a todo lo que había cambiado, su puntualidad seguía intacta, llegaría media hora más tarde.

Así fue, llegó media hora más tarde, con una chocolatina MontBlanc en la mano, se la entregó, le dio un beso en la mejilla y empezó a preguntarle por su vida, llevaban un año o poco más sin hablarse, así que la conversación tuvo un pie y se tornó deliciosa para ambos, tanto que no sintieron el tiempo, poco a poco fueron comiéndose uno a uno los cuadritos de la chocolatina y disfrutando los sanduches.

Luego de cinco horas juntos, cuando el cielo estaba ya tan rosado recibiendo la luna que salía y despidiendo el sol brillante que le alumbró los versos a él, mientras ella dormía en sus piernas, tomaron entre sus manos el último cuadrito de la chocolatina y ella se la puso en la boca, él se le iba a abalanzar para arrancársela de un mordisco, pero se detuvo en la mitad del camino, ella se ruborizó y también vio que era mucho pedir, pero quería sentir los labios de él sobre los suyos, como en los viejos tiempos.

Con sus dientes partió el pedacito a la mitad, lo puso en su mano y se lo entregó a él para que se lo comiera. Él con una sonrisa lo recibió y lo puso en su lengua para que se derritiera.

-Te quiero besar- Le dijo ella.

-Yo también- respondió él.

-Lastima…

-¿Lástima qué?- preguntó él.

-Lástima que ya no sea como antes y tengamos que contenernos para respetar a esas personas que nos acompañan.

-Tengo una idea, lo podemos hacer, sin ningún remordimiento- dijo él.

-¿Cómo?- preguntó ella.

Él tomó el empaque metalizado que antes había tenido en su interior el chocolate blanco con almendras y recordó “Pushing Daisies” una serie que veían juntos los domingos y en la que el protagonista no podía tocar a la protagonista porque se moriría, así que buscaban maneras de estar juntos sin tocar su piel. Con el papel en la mano, lo puso en sus labios, se acercó a ella y volvió a sentirlos, suaves, pequeños, deliciosos, solo que no los tocó y mucho menos, sintió la humedad de su saliva que le hacía mover todo, así se despidieron y nunca más volvieron a hablarse.