Frío


Foto: http://poesiapelafustana.blogspot.com

De espaldas, mirando por la ventana, la ciudad al fondo, las luces amarillas y blancas inundaban lo que tal vez sería un panorama. Sus caderas anchas, su tanga negra medio cubriéndolas, sus curvas muy bien marcadas, su cabello a la mitad de la espalda, una lágrima se le congeló en el pómulo.

Él estaba tras ella, enfriándole las lágrimas, mirándole de espaldas, se acercó lentamente, le puso la mano en el abdomen, fue subiéndola, le presionó un seno, ella se puso la mano en el mentón, inclinó un poco su cabeza a la derecha, sonrió. Lo sintió frío.

-¿Estás ahí?- preguntó.

-Si, soy yo- le dijo él al oído.

Una lágrima más le recorrió el rostro, él sopló, se la volvió a congelar.

-Te acordás cómo mirábamos este panorama, mientras cocinabas, mientras me mirabas la espalda y me decías algún piropo- le dijo ella.

-Claro que lo recuerdo, siempre está en mi mente- dijo él mientras iba a sentarse al sofá.

Ella encendió un cigarrillo, se miró el cuerpo, saboreó el humo. Se miró las marcas, la cruz que había tatuado en su brazo derecho, ese con el que siempre se tomaba de la mano de él.

-Te acordás cómo eran de sabrosas las nubes que pintábamos en esos lienzos que dibujabas en mi cabeza, simplemente sabrosas. Hace ratos no hay nubes iguales.

-Lo se- dijo él.

-¿Por qué carajos me congelás las lágrimas, me congelás el corazón y a veces lo siento palpitar?- preguntó ella.

-Tal vez para que no me sientas más- dijo él.

-Hablame- gritó ella- ¿Qué carajos te hiciste?

Seguía mirando el horizonte, seguía tratando de quitarse el frío de tenerlo ahí. El vidrio la reflejaba, el vientre tatuado con la “S” de su nombre, la “S” de su soledad.

-¿Por qué me dejaste?- volvió a preguntar ella- ¿Qué querés? ¿A qué volviste?

El silencio le habló, ella lo escuchó, otra lágrima le salió, no se congeló.

Siguió el frío, lo sentía en sus entrañas, la llevó a la biblioteca. Allí el mismo frío le indicó su libro favorito.

Las manos de él, apenas la vieron que agarró el libro, la fueron guiando hasta encontrar la marca que buscaba. El nombre de él, el de ella, uno sobre otro, con lápiz, como él acostumbraba escribir.

Ya se, quieres que lo borre. Tomó un borrador y empezó a borrarlo. Luego hizo lo mismo con los demás libros. Las libretas de él se fueron consumiendo con el fuego, el frío se fue yendo. Ella, aunque lo recordaba, siguió siendo feliz, él, después de haberla dejado tranquila, descansó en paz.

2 respuestas a Frío

  1. imposible vivir con un muerto…o no?

    abrazo, juanse*

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