Tiempo (Metro) perdido


 

El reloj marcaba las diez y treinta y siete minutos de la noche, el metro estaba a tres minutos de partir, él como cada viernes se había quedado un rato con los compañeros de trabajo tomando algo, pero esta vez estaba un poco más ebrio que de costumbre y muy lejos de la estación donde el tren iniciaba el recorrido.

Le puso la mano al primer bus verde que vio pasar cerca a donde iba caminando, con dificultad se subió apenas le paró, cruzó la registradora con torpeza, le preguntó al conductor cuánto costaba y mientras el bus arrancaba, respiraba por la boca e inundaba con su tufo el resto del vehículo. Buscó en los bolsillos un par de billetes, con dificultad y muy arrugados los sacó y mientras los trataba de planchar, se los entregó al conductor y le pidió un tiquete integrado que le permitiría viajar en el metro sin detenerse en la taquilla. Así no le detectarían la borrachera con solo olerle el aliento.

Apenas pagó, se dejó caer en una silla y le gritó al conductor.

¡Vamos rápido que me va a dejar el metro!

El resto del bus se rió y esperó tranquilo, ninguno usaba el tren a esa hora, todos hacían el transporte intermunicipal en bus de un pueblo a otro, solo que en el medio estaba la estación del metro. Así que a nadie le importaba la salida del tren.

El bus aceleró y en menos de tres minutos había hecho todo el recorrido hasta la estación. El hombre con su borrachera se había quedado dormido, una señora cerca a él lo despertó. Cuando se incorporó, miró a todos lados como quien no sabe donde está parado y dando tumbos se colgó su bolso a la espalda y le agradeció al conductor, con dificultad bajó las escaleras del bus y se encontró frente a las que llevaban a la estación del Metro.

Se acomodó el pantalón, se movió el pelo con la mano derecha y con la izquierda se limpió la boca, algo de baba tal vez se había escapado. Luego miró a todos lados, hizo un gesto con su rostro y empezó a caminar procurando hacerlo en linea recta, para que nadie se diera cuenta de su borrachera, especialmente los auxiliares bachilleres de la policía, quienes le podrían impedir el ingreso a la estación para tomar el metro.

El tren esperaba terminar el abordaje en la estación, el hombre lo vio, distante, inalcanzable, corrió, esta vez no importó la línea recta que llevaba en la cabeza, solo importaba irse en ese tren que estaba aparcado allí.

En zig zag y con dificultad fue acercándose a la puerta de la estación, el tren se marchaba. Un auxiliar de la policía que estaba allí, le impidió el ingreso, ya no habían más trenes en dirección sur-norte, el hombre procuró explicarle que debía llegar al otro lado de la ciudad en tren. Pero ya el joven no sabía qué decirle. Así que tuvo que cerrarle la puerta en la cara, puerta que le sirvió de apoyo al hombre borracho para poner el bolso que traía en la espalda y usarlo de almohada y dormir un rato, esperando que se le quitara la borrachera y a que saliera el primer tren a las cuatro de la mañana del otro día.

Foto: http://mata.freeflux.net/

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