Encuentros fugaces


Toda la tarde en el salón de belleza veía los frutos en este instante de la noche. Mariana tenía sus rayos monos recién hechos y jugaban con el negro de su cabello, sus uñas bien pintadas, tanto las de las manos como las de los pies. La depilación había quedado perfecta. Y en este momento se veía el resultado: Jaime, el chico que le había gustado toda la vida, la estaba esperando afuera. Sería la noche en la que ambos podrían perderse, sumirse y entregarse el uno al otro.

Con sus shorts de Jean, una blusa strapples blanca, su tirita de cuero sosteniéndole el cabello, una pulsera gruesa de metal en el brazo derecho, sus sandalias cafés y su cartera, se veía perfecta, deliciosa. Al menos eso le dijeron los ojos de los cerca de veinte hombres que habían girado su cabeza cuando la vieron pasar a su lado cuando entraba a la discoteca.

Ahora era su momento, con su pinta bien puesta, sus labios bien llenos de brillo, sus pestañas bien pintadas, sus cachetes colorados por el polvo artificial, unos cuantos tragos en la cabeza y un vaso de coctel en la mano, se dispuso a salir. Cruzó la puerta oscura de la discoteca, él la esperaba al otro lado de la calle, estaba brillante. Tenía gafas oscuras, su cabello parado por la cera, su camiseta amarilla con estampado de letras azules, su bluejean ceñido a las piernas y sus zapatos blancos, en la mano derecha llevaba un vaso con un coctel, en la izquiera el blackberry, donde le estaba mostrando a los demás amigos, por el messenger, la foto de la chica que estaba a punto de comerse.

Mariana le sonrió desde el otro lado de la calle, miró a lado y lado para cruzar, sus uñas bien pintadas y brillantes, iluminaban el camino. De la nada, un automovil apareció, venía a toda velocidad, se escuchó el pito. Ella corrió, su uña del dedo gordo del pie salió de las sandalias, se clavó en el pavimento y salió de su orbita en el dedo, la sangre empezó a correr a borbotones, también Jaime corrió, se alejaba de Mariana, ella y su acelere, se le habían tirado la noche. Igual, tampoco la quería para nada más.

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One Response to Encuentros fugaces

  1. Y … no pudo ser!

    Un beso o 2 #

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