La chica de los zapatos rojos


Desde que nací hace casi 18 años, mis padres, me enseñaron a no mirar al cielo, era una ley nacional en la cual se advertía que a causa de la radiación solar, quien mirara el cielo perdería totalmente la visión, “el sol está enfermo” decían papá y mamá siempre, me contaban todo lo que habían hecho ellos para salvarlo hace tanto tiempo, pero siempre terminaban diciendo que era imposible que con solo la voluntad de dos personas se pudiera cambiar el curso del planeta, que cada vez, como se dice en mi pueblo,  “va de culos”.

Salir a la calle es toda una osadía, toca ponernos trajes antiradiactivos, material del que hoy día está hecha toda nuestra ropa, cubrirnos completamente, salir de sombreros, gorras, lentes oscuros y eso si, mirar siempre hacia abajo, porque el reflejo del sol en los lentes de otras personas puede ser igual de riesgoso que mirarlo directamente. 

En ese caminar y caminar por el mundo con la cabeza gacha, encontré en la escuela algo que me llamó la atención, unos Converse rojos, con unos pantalones a rayas ceñidos al cuerpo, levanté la mirada hasta la cintura y era una figura perfecta, la escuché hablar y realmente me pareció hermosa. Es una sensación extraña pero realmente placentera. 

Hace ya varios días que me acerqué y conocí sus zapatos, siempre la reconozco por ellos, siempre los lleva, cambia entre pantalones, faldas, shorts y bermudas, que sin importar, siempre llevarán los converse como juego, si el sol no fuera un impedimento, ya habría levantado la cabeza y la miraría a los ojos; pero hay algo que sé, ella ya empezó a notarme y ya a veces le hago falta, ¿por qué?, porque un amigo mío la conoce y ella le ha preguntado por mi, el chico de los zapatos grandes.

Hoy me acerqué, simplemente a hablarle:

-Hola, ¿Cómo estás?

-Muy bien y tu?-Me respondió.

-bien muy bien. Mira, mucho gusto, me llamo Juanse.

-Mucho gusto JuanSe, mi nombre es Violeta.

-wow, bonito nombre, tanto como tu, sabes, solo me acerqué a decirte que me gustas, me gusta tu forma de ser, me gusta tu forma de hablar, cuando hablas de Faciolince con esa propiedad, cuando te metes en los poemas de Borges y los dices con ese sentimiento, me gustan tus piernas y tu cadera, me gusta tu forma de ser, tu trato con tus compañeras, me gustas tanto, que me gustaría invitarte a salir.

Ella sorprendida respondió.-realmente es increíble que te acerques así, pero igual tu a mi también me gustas hace un tiempo, tus zapatos me llaman mucho la atención, tus pantalones, tus conversaciones, tu Ipod sonando a todo volumen en tus oídos, tus libros, tu cuaderno me agradan, me gustaría saber mas de ti. ¿Estaría bien hoy a las 7?

-si, encantado, ¿paso por ti a tu casa?-

-Sabes donde vivo?

-no, pero me puedes decir y asi pasó por ti.

-ok, vivo en la 118A de Terracota.

-allá estaré.

Llegué puntual como es mi costumbre, a esa hora solo salimos con sombreros y lentes oscuros, el cuerpo va cubierto pero con ropas normales, como cuando papá y mamá eran jóvenes.

Me puse un atuendo que reflejaba demasiado mi personalidad, me eché perfume porque papá me obligó, ya que dijo que debía conquistarla con mi olor.

Toqué la puerta, ella salió, mi cabeza estaba agachada, levanté la mirada y la miré fijamente a los ojos, me fundí en ellos, era tan hermosa, su cara angelical, piel rosada, ojos verdes, cabello rubio, tenía un vestido del color de su nombre, y había cambiado sus converse, tenía unos verdes, era lo único que había cambiado de ella.

Me abrazó y me dio un beso entre los labios y la mejilla, en esa esquina de la boca, me pidió que la esperara, entró, tomó su bolso y salimos a caminar.

Caminamos demasiado, hablamos, comimos un helado, ella no quiso comer nada de sal, dijo que era muy apresurado comer algo decente en la primera cita, que era simplemente para conocernos.

Estuvimos juntos casi cuatro horas, la miraba de reojo, ella tambien me miraba, en un instante ella tomó mi mano y mi cuerpo casi se cae, sentí unas mariposas en el estomago que nunca había sentido, era espectacular. Caminamos tomados de la mano durante mucho tiempo y luego decidí abrazarla. Ella paró me tomó las dos manos y me dijo:

-JuanSe, te gustaría ser mi novio?

-si, no lo pensaría ni un segundo.

Se abalanzó sobre mi, me abrazó el cuello con sus brazos y fui sintiendo como su tibia lengua entraba en mis labios y me besaba apasionadamente, mis ojos se cerraron, disfrutaron el momento, mi cuerpo ni hablar, estaba hecho un espectáculo, una fiesta total. El corazón mío palpitaba y yo sentía que el de ella iba más rápido que el mío.

La dejé en su casa, un beso nos alejó por esa noche, al otro día la vería nuevamente en la escuela. Salí de su urbanización y empecé a bailar mientras iba hacia la mía, eran unas cuantas manzanas las que nos alejaban. Me sentía feliz. Cantaba, saltaba, sonreía.

Al otro día en la escuela, llegué y la busqué, no estaba, no llegó. De repente sentí como si se hubiera olvidado de mi. No encontraba a sus amigas, no encontraba esos zapatos que siempre la acompañaban a ella y a sus amigas.

Unos brazos me tomaron por la espalda, un peluche de una jirafa se posó en mi pecho, miré los zapatos, eran azules, yo aún no descifraba, levanté la mirada, la vi y la besé. En ese momento, vimos como la radiación desapareció, nuestro miedo desapareció, y vimos como el sol fue aliviando su enfermedad gracias a nuestro colorido amor, que le perdió el miedo a perder la visión, nuestro amor que se arriesgó a caminar con la cabeza erguida sin temor a nada.

9 respuestas a La chica de los zapatos rojos

  1. Natalia dice:

    que bonito!! :)es como un romanticismo metaforico pero al reves jajaja eso me lo invente……converse verdes con vestido violeta…Genial!!!!!😛

  2. Diaranja dice:

    Perfecto, el amor lo salva todo.Me gusta perderme en tus historias y que me pongas ansiosa por saber como acabaran. Un beso y un abrazo de oso Te quieroo Juanse!

  3. rayuela dice:

    Afortunadamente el sol está enfermo!Así aprenderemos a conocer a las personas por sus pies, su forma de pisar, el color de su calzado.Adiós entonces a aquello de que los ojos son el espejo del alma?!Cada cuento tuyo es una renovada sorpresa.Lo único en lo que se mantienen iguales es en que nos atrapan,nos atenazan, y no nos dejan respirar hasta el punto final.

  4. SeaSirens dice:

    Me siguen gustando tus historias llenas de una magia especial, que todo lo eleva y todo lo transporta.El silencio, siempre, nos enseña a conocer lo que queramos de cada uno de nosotros.Besos magicos para ti!

  5. CROMOSOME dice:

    Increíble debe ser el mundo de los ciegos. Como es posible vencer nuestros miedos, y tal vez, aceptarnos realmente como somos. Lástima que la superficialidad a veces, sea más fuerte; como lo son los rayos solares. El rojo pasión hace contraste con el sol, y la luna con el color de sus violetas sedientas.Saludos ‘JuanSe’.

  6. Rolalola dice:

    Uau!! Me sorprendió esta atmósfera futurista, me tomaste por sorpresa JuanSe!! Haces honor a la frase “…UN POQUITO DE AMOR PUEDE CAMBIAR EL MUNDO MUCHACHOS, CAMBIEMOSLO EN ESTE BLOG…!”Besos enormes!!!

  7. Anonymous dice:

    HUYYYY…jajaj con mayor razón leí hoy vos sabes porque. Se me viene a la cabeza un dato curioso, nosé porque pero cuando percibo la presencia de alguien lo primero que miro son los ojos y luego los zapatos, entonces nunca imaginé que se le fuese a dar importancia a ellos, pero en realidad, dependiendo de eso a veces me inspiran confianza o no.Me gustó mucho el tema sobre el cual desarrolaste ese amor, Dios menos mal ya tengo experiencia con respecto a zapatos….Un abrazo y gracias por lo de hoy.Isabelc

  8. Elisa dice:

    Genial Juanse…genial!! sabes? a mi me dijeron que no mirara al sol, pero un par de vistazos si que le he echado…Me han gustado sus zapatos rojos, será porque yo tb tengo unos, y me he sentido muy identificada con esa adrenalina, esa emoción de un primer beso…uhmmmmmmm…..que buenos recuerdos, hacia tiempo que no los sentía así!besitos

  9. NoeliaA dice:

    Está bárbara la narración, me remonta a ciertas épocas…saludos!

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