El día que quiso volver y ya nada pudo hacer.


Esa noche no durmió, estuvo pensando en qué pasaría al volver a verla, en qué le diría ahí mismo la viera, en qué haría cuando la tuviera al lado. Esa noche hizo lo imposible para que los nervios no se comieran su sueño, no se comieran sus palabras y lo hicieran vomitar silencio.

Despertó con dolor de cabeza, su cabeza se llenó de pesadillas esa noche cuando pudo conciliar el sueño y dejó de pensar en ella. Ahora estaba nada mas que esperando la hora de ir a su encuentro.

Llegó a su casa y la encontró, bella como siempre, con una sonrisa en la cara. Un beso en la mejilla, un regalo que le había comprado y ahí va, otra sonrisa de esas que lo encantaban. Ella se sirvió el almuerzo y él mientras tanto le contaba sus cosas, le hizo una bebida chocolatada como era costumbre. Miradas a los ojos, sonrisas y frases que no sabía él como interpretar. Solamente sabía que era una sensación de esas que le gustaban cuando estaba con ella.

Se acostó a esperar que ella hiciera unas labores que tenía y a descansar su dolor de cabeza. La miraba y la miraba, estaba deslumbrado con su belleza, seguía intacta, tal y como la dejó.

Ella se sentó a su lado y le besó la frente, tal vez esperando que con eso se calmara el dolor, también le exigió a gritos que se tomara una pastilla pero como siempre él con su terquedad le dijo que no.

Viendo Tele…

Ella terminó sus labores y le dijo que se acostaran a ver televisión, él aceptó y se acostaron juntos a mirar caricaturas como siempre, esas series que ambos disfrutan y les gusta mucho. Una caricia va, una caricia viene, cosquillas, los pies de ella entre las piernas de él, las manos de él inquietas solo sabían hacerle caricias, ella le besaba la nariz, el cuello, la frente. Con el transcurrir del tiempo, ella le preguntaba por el dolor de cabeza, las caricaturas seguían avanzando con sus diálogos y cosas graciosas.

Ella sintió sueño y él sin ningún reparo, de hecho, con mucha alegría, pasó su brazo bajo su cuello y ella se recostó en su pecho. Empezó a hacerle las cosquillitas suaves que siempre la hacían dormir, empezó a pesar, se había quedado dormida y él tambien estaba empezando a ser preso de ese sueño. No sabía que hacer con ella en el pecho dormida, empezó a recorrer con sus manos, todo su cuerpo desde la cadera hasta la punta del cabello, le besaba la frente, le acariciaba la cara, se sentía realizado, feliz, se sentía como cuando estaba con ella.

Ella despertó, se estiró y lo miró a los ojos, se quedaron frente a frente mirándose, sus bocas se acercaron, pero no pasó nada, ella no podía hacerlo aunque quisiera, él quería hacerlo pero no podía, ambos respetan mucho a esa persona con la que hoy ella se encuentra. Varias veces pasó esto durante el resto de la tarde. Sonrisas, besos en la frente, nariz y cuello, abrazos, tomadas de manos, caricias. Tal vez la felicidad, lo que siempre les gustaba, tal vez ese reencuentro después de tanto tiempo, tal vez ese sueño de hacer todo juntos estaba volviendo a sus cabezas.

La despedida llegó, él se tenía que ir, ella lo acompañó a la puerta y lo despidió, un fuerte abrazo como siempre, un beso en la frente, nariz y… un beso en la mejilla, un adios, tal vez para siempre, tal vez hasta pronto.

Él le deseó lo mejor en su vida, en su relación, se fue, con su miedo, con esas ganas de volver, con esas ganas de querer estar nuevamente con ella, pero no fue capaz de volver atrás, las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas, el taco en la garganta y darse cuenta que después de tanto pensar, era inútil, ya nada podía hacer.

8 respuestas a El día que quiso volver y ya nada pudo hacer.

  1. Capri dice:

    HolajuanSe, perdona que no te comentara antes , estuve ausente unos dias, prometo pasarme con calma por tu espacio y leer leer con calma tus palabrasgracias por compartirlas , creo queme van a gustar por lo que he visto

  2. rayuela dice:

    Qué buen relato,Juanse! Me sugiere muchas preguntas…con quién está ella ahora? está con alguien en realidad? ella existe en realidad? qué relación se establece entre ella y el dolor de cabeza? Y por qué ya no hay nada que hacer? Tal vez ninguna de estas preguntas hayan sido pensadas al escribir el cuento, o sí, ahí está lo bueno de la interpretación del lector…Y espero que queden sólo en retórica,que sean parte del “misterio” de jugar con palabras.Un besazo!

  3. Dannielo dice:

    Juanse,“A veces no hay que golpear la puerta con fuerza porque la puerta, realmente se abre hacia adentro.” lo dijo el pincipito…ahi está pa’q lo interpretes.

  4. Rolalola dice:

    Niño!! Que tristeza, tan cerca de la felicicdad y luego descubrir que esta se aparte de nuestro camino. COmo Rayuela, a mi me surgieron también muchas preguntas, que no necesariamente debamos contestarnos… Personalmente ese ruido que generaba el dolor de cabeza, con toda su parsimonia habitual (descansar, tomar algun remedio, etc) me pareció maravilloso… es decir, ¿realmente sería feliz en esos momentos? ¿Acaso el dolor no predice la no-felicidad del final?UUU, un cuento para leerlo varias veces y sacar en cada una una conclusion diferente!!!Que bueno!!!BEso!!

  5. rayuela dice:

    Yo de nuevo! Son necesarias las respuestas a un cuento? O deben quedar siendo retóricas? O se las debe responder el lector, ese cazador oculto de los sentimientos del autor? O debería decir…del narrador? Y sigo preguntando…Si querés,(creo que querés dar respuestas) tenés mi dirección de correo.Un beso enorme, Juanse!

  6. Diaranja dice:

    el amor el amor el amor que traicionero e irresistible!! me encanta juanse!

  7. EliZaAb3th dice:

    Está muy lindo tu relato…Algo triste… Aunque te dije alguna vez que me encantan los textos tristes…Sólo espero de todo coraZón que las letras te ayuden a superar las cosas… A mí me han ayudado.¡Te Quiero!

  8. Natalia dice:

    uffff..que descripcion por dios…por un momento recorde… noo que digo recorde…sentí como si estuviera enamorada…genial, me identifico tanto con tus historias, me hacen recordar muchas cosas

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