Entre teclas y miradas.


Como siempre llegué a las 3:45, parqueé frente a su casa, ya que el garaje es solo para los que viven en ella, esperé a que bajara Andres; era alumno mío desde hace ya dos años, una clase de piano que llevaba dictando con constancia y dedicación, el chico ya estaba muy bien, ya tocaba a Chopin como si el ruso ese fuera un principiante.

Ese día fueron las 4 y Andrés no apareció, justo cuando iba a irme, bajó por la escalera su hermana, a quien yo había visto, me había parecido atractiva, pero nunca había pensado en acercármele, por el simple hecho de no relacionarme con nadie cercano a mis alumnos. Ella me sonrió y poco a poco se fue acercando, me paré de donde esperaba sentado y le extendí mi mano en un tono cortés, ella la tomó y me besó en la mejilla. Me dijo que realmente hoy Andrés no estaba en casa, que era ella la única que se encontraba y que había aprovechado la salida de vacaciones de sus padres para poder hablar conmigo.

-Me llamo Dalia, soy la hermana de Andrés-

-Ya lo sé- le contesté.

-¿que edad tienes?- me preguntó.

-24- le dije – ¿y tu?- le devolví la pregunta.

-tengo 22- respondió con una sonrisa.

-También soy amante del piano pero no como mi hermano, estudio ingeniería sanitaria en la Universidad Departamental, voy en 7 semestre, ¿tu estudias música?, ¿tienes pareja?-

Estas preguntas me parecieron que la chica quería algo, no estudio música, soy arquitecto y no tengo pareja. ¿Por qué?

-No por nada- respondió.

La chica estaba demasiado atractiva ese día, realmente me gustaba de antes, siempre la veía llegar, pero nunca pensé que una chica de tan buena familia se fijara en mi, hablamos unas cuatro horas y mi cuerpo empezó a sentirse cada vez mas tranquilo junto a ella. La invité a un concierto que iba a dar con mi banda de punk en dos semanas y ella me dijo que siempre le había gustado esa música, que sin ningun problema iría.

El día del concierto ella llegó al sitio antes que nosotros, cuando me vio se me acercó y me besó entre la mejilla y los labios, de esos besos que lo ponen a pensar a uno, me miró con mi vestimenta más fresca, no tan profesor de piano clásico, como me presentaba para dar las clases ante todos mis alumnos de ese amigo con teclas.

El concierto empezó, como era costumbre me puse una camisilla que dejaba ver el arte que adornaba mi pecho y entre ella y yo hubo una conexión de miradas que iban dejando ver el deseo que nos consumía por dentro, yo le decía entre labios que le dedicaba las canciones, con miradas a los ojos le decía que la quería y que le agradecía que hubiera ido a acompañarme mientras tocaba.

Cuando el concierto terminó, ella se me acercó y asombrada me preguntó por mis tatuajes. Le dije mi afición por ellos y el significado que tenían los que había en mi cuerpo. Sin pensarlo me acerqué a ella y la besé, fue un beso electrizante, me movió todo, tal vez lo había esperado mucho, tal vez fue muy rapido, pero lo hice, porque las ganas consumían mi cuerpo, porque mi cuerpo solo quería seguir compartiendo con ella.

La llevé a su casa, la dejé en la puerta y por la ventana se asomó su papá, me miró fijamente y me sonrió, tal vez maliciosamente o tal vez con odio, pero me sonrió.

Al miércoles siguiente, cuando llegué a casa de ella, no bajó ni Dalia, ni Andrés, fue su padre el que se sentó a hablar conmigo. Me preguntó desde el día y el lugar donde nací, hasta la marca del cepillo de dientes que uso, me preguntó por la afición que había tenido su hija por las estrellas desde el día que la llevé a su casa, me preguntó por mis intenciones con su hija.

Yo, asustado, ya que un cuestionario asi no me lo hizo cuando empecé a darle las clases a Andrés, le respondí de a poco, lo de las estrellas me tocó explicárselo gráficamente con mi cuerpo, el señor un poco asustado me miró el pecho y me pidió que le explicara el por qué de mis tatuajes; ahí iba nuevamente mi cátedra sobre el significado que tenían para mi. La conversación finalizó cuando le dije mis intenciones y él las aceptó.

Le di la clase normalmente a Andrés, él estaba muy entusiasmado ya que dijo que ahora que estaba saliendo con Dalia, me vería mas seguido y le podría solucionar dudas que se le presentaban en el transcurso de la semana. Al rato Dalia bajó, me saludó con un beso en la boca y cuando me abrazó, me dijo al oído que la sacara de allá.

Nos subimos en mi carro y empezamos a descender por las lomas que quedan cerca de su casa. Nos detuvimos en un mall, comimos y subimos a un mirador, allá nos sentamos a mirar la ciudad, yo empecé a tararearle la letra de una canción y luego la besé. Ella sonreía alegre y agradecida. Luego de un rato la llevé a su casa, ya iba a ser media noche, la dejé en la puerta y nuevamente su padre dejó ver su silueta en una de las ventanas de la casa.

Vi a Dalia durante la semana otras tres veces. Ya estaba demasiado enamorado, no se, sentía como si fuera el destino el que quisiera que estuvieramos juntos, siempre teníamos una sonrisa, pocos planes, solo nos veíamos y ya, la llama ardía al rojo vivo, miles de besos, miles de risas, miles de abrazos, cogidas de mano y ya, no quería ir muy rapido con ella, pero quería que fuera mía, quería estar con ella para siempre.

Al miércoles siguiente, cuando llegué a la casa, Andrés me estaba esperando, empezamos la clase, él no decía nada, hablaba simplemente lo de la clase, no como había pasado antes que estaba todo interesado por saber como se dio lo de la relación de su hermana conmigo, yo imaginé lo peor.

Cuando terminé la clase, esperé a que Dalia bajara, pero no ocurrió, esperé quince minutos, hasta que la empleada me entregó una carta que me había dejado, la leí, salí de la casa corriendo, me subí en el auto, salí a recorrer la ciudad y llegué al mirador donde nos habíamos encontrado. Allí, estaba ella sentada, con una maleta y una sonrisa. Se me lanzó a los brazos y cuando la solté, sacó del bolsillo, un papel con el diseño del tatuaje que quería hacerse conmigo como símbolo de nuestra unión. Yo acepté y nos fuimos para mi apartamento.

5 respuestas a Entre teclas y miradas.

  1. Anonymous dice:

    Y que le pasó a la chica, esa ida de la casa esta como rara??. Me gusta el flechazo a primera vista, yo creo q eso le hacia falta a una de tus historias y a la vez me pregunto Juanse solo te gusta escribir sobre el amor???, simple curiosidadIsabelc

  2. M+M dice:

    Me atrapó… Felicitaciones!! me parece la mejor historia que has subido..Esta y la del pianista mutilado.. jajaja Hijuemadres pianistas que somos.

  3. Anonymous dice:

    !Hola¡ de verdad la historia me impácto cuando comese a leerla; pero me parace qué la historía queda inconclusa pues no se complente muy bién el echo de que un simple tatto sea él motivo para la chica escaparse de su casa y dejarle al protagonizta una nota o una “carta” si fuesé así ¿qué dice la carta? y ¿Por qué tanto escandalo por un simple diseño?¿acaso como erá tal diseño?o el motivo verdadero el ¿porque una Jovén de 22 años era tán cohivida y no podia realisarse un tatto?

  4. JuanSe... dice:

    la verdad la razon de ser de la literatura es que tu tambien pongas a volar la imaginación y hagas con las historias lo que quieras, todo hace parte de la interpretación que le querás dar… realmente el tatuaje final era mas como una propuesta de matrimonio, segundo que todo, el tatuaje no fue el motivo para escaparse de la casa, fue tal vez solo el amor de ambos lo que motivó a la chica a escaparse… todo esto mejor lo dejo a tu imaginación…ah… y quien sos??… firmame el comentario con tu nombre al final… jajajaja

  5. rayuela dice:

    Muy bueno tu cuento! Fluye la lectura,hacia el corte final.Grcias por tu visita y por tus palabras.Un beso!

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