A medianoche

agosto 26, 2011

Foto: http://correraciegas.wordpress.com

La medianoche había llegado, ella aun estaba en el chat, conversábamos efusivamente, como era costumbre siempre, nos conocíamos hacía mucho y había algo que nos unía.

-Quiero dormir con vos- dijo.

-Pero está tarde, hoy te toca dormir sin mí- le respondí.

Puso una carita triste y se quedó callada un rato.

-Estoy sola y sabes que no me gusta dormir así, en esta casa tan grande- arrojó.

Otra vez me dejé llevar. Empaqué ropa suficiente para pasar la noche, llamé un taxi y apagué el computador.

El taxi me recogió cinco minutos después, le dí la dirección hacia la que me dirigía y mientras tanto iba escuchando la emisora que el taxista estaba sonando y respondía una que otra pregunta que el conductor dirigía con respecto a la hora de salida. Todo eran bromas. Luego de veinte minutos, estuvimos frente a la puerta de ella. Toqué el timbre, nadie abrió. Volví a presionar, nadie abrió.

Saqué el celular del bolsillo de la pantaloneta que llevaba puesta, presioné el botón verde para ver las llamadas recientes y lo volví a hundir para llamar a ese primer número que correspondía a ella, con quien conversaba tanto que siempre era la primera opción en las llamadas recientes.

-¿No pensás abrirme o qué?- Le dije apenas sentí su voz al otro lado.

-Eras vos, yo si me preguntaba por qué te habías ido sin despedirte- respondió ella.

Cuando se abrió la puerta, ella, en pijama, sonrió.

-Sorpresa- le dije.

Ella se abrazó a mis hombros y me dio un beso en el cuello.

Entramos a su casa, apagó el computador que descansaba en el lado que yo ocupaba en su cama cuando iba en las tardes. Nos sentamos uno al lado del otro, me quité el saco que llevaba puesto, el frío era tremendo. Busqué en mi bolso la camiseta que llevaba para dormir, me quité la que tenía puesta, el frío de la calle hacía que ya no pudiera dormir con ella puesta porque vendría una mala noche acompañada de tos y asma.

Cuando estuve sin camisa, ella me abrazó por la espalda y empezó a recorrerme la línea de la columna lentamente con sus labios, el cuerpo se me erizó y ella sonrió. Poco a poco fue recorriéndome con sus manos y su boca fue subiendo hasta llegar a mi cuello y besarme el lóbulo de la oreja derecha. Lentamente fue poniéndose frente a mi y con una sonrisa, acercó sus labios a los míos, su lengua se introdujo entre mis dientes y fue a chocar con la mía, para recorrerla, saborearla y sentirla.

Su piel se fue erizando, mis ojos se fueron cerrando pese a tener miedo a hacerlo siempre, ella tenía una sonrisa en su rostro, mis manos se metieron bajo su camisa del pijama y empezaron a recorrerle la espalda con la puntica de las uñas suavemente.

Lentamente le quité la camisa y quedamos frente a frente, ella con las piernas abiertas sentada frente a mi, con su pecho expuesto a mis ojos. Me sorprendí, sonreí y con mis labios empecé a leer uno a uno sus tatuajes, mientras la besaba por completo.

Letras cursivas, sueltas, en estilos distintos, cada una cargada de un significado fuerte; empecé por los de su clavicula, luego me dirigí a los de su costado y finalicé en los de su muñeca, lentamente los besos eran más y más. El frío empezó a inundarnos, las pieles erizadas, decidimos parar con una sonrisa.

Las cobijas y sábanas nos cubrieron, la fui abrazando, mis piernas se adecuaron a la forma en que estaban dobladas las suyas y asi, dormimos casi toda la noche, hasta que de repente, ella decidió subirme su pierna derecha sobre las mías y recostar su cabeza en mi pecho, durmió tranquila, yo esa noche, sonreí, hasta que amaneció y ambos nos levantamos, sin creerlo, como si nada hubiera pasado, ella dispuesta a ir a estudiar, yo con ganas de volver a leer.


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