Estrellas en las manos IX

abril 24, 2012

Foto: http://mitelene.blogspot.com

Ambos se ganaban la vida a punta de tinta. Cuando se conocieron ya la tinta les inundaba el cuerpo, las manos se les manchaban a diario y ambos lo disfrutaban.

Él era escritor y los esferos que usaba a diario para escribir las veinte páginas que tenía que hacer por obligación le manchaban los dedos que al final del día eran tan negros y azules que no parecían de un ser humano. Ella en cambio, se ganaba la vida tatuando, llevaba tinta en su cuerpo, poca, pero su delicadeza en el trazo y su excelente trabajo gráfico, la convirtieron en una de las mejores tatuadoras del país.

Dicen que fue amor a primera vista, pero la verdad no fue así. Se conocieron, se presentaron, intercambiaron unas cuantas maltas y muchos chistes. Al final de la noche ella se fijó tanto en los dedos sucios de él, como en la estrella que llevaba tatuada en la muñeca derecha.

-¿Te gustan las estrellas?- preguntó ella.

-Si, ¿Por qué?- respondió él.

-Porque yo las odio- dijo ella.

-Pero vos llevás una en la muñeca izquierda- le dijo él entre carcajadas.

Ella sintió como los cachetes se le ruborizaron y ahí la flechó. Poca gente notaba el detalle de la estrella que estaba justo debajo del huesito de la muñeca izquierda. Tal vez esa, fue una muestra de interés de él para ella.

Luego de esa noche, empezaron a salir, a verse casi que a diario. Él la recogía en el estudio de tatuajes y le llevaba una que otra chocolatina. Ella sonreía, lo miraba a los ojos, le miraba la estrella y sonreía aún más.

En las noches, cuando la dejaba en casa, se despedían con un beso en las estrellas que llevaban ceñidas al cuerpo y así, con el olor de los labios del uno en la muñeca del otro se separaban.

Las estrellas tenían el poder de unirse cada que se tomaban de la mano. Ella no toleraba tomarlo con otra que no fuera su mano izquierda, así pintaban un cielo de dos estrellas, únicas, tranquilas, que volaban juntas entre nubes y se besaban cada tanto, cuando se apretaban con fuerza.

-Un día, te voy a llenar las manos de estrellas- le dijo ella al despedirse.

-Yo no quiero más tatuajes- respondió él.

-Pues te toca aguantarte- le dijo ella y lo besó en los labios.

Fue el primer beso, ese que lo llevó al cielo, lo hizo convertirse en una estrella y caer tan rápidamente que no pudo evitar chocarse con el mundo, mirarse la estrella en la mano derecha y besarla, tal vez así recordaba sus labios, tal vez así recordaba ese amor.

Amaba las estrellas y se había hecho la de su mano derecha esperando encontrar a una chica con ese mismo tatuaje en la mano izquierda, ese tatuaje que las uniera y las hiciera viajar. Esta vez, tal vez era para siempre.

Una noche, cuando él menos lo esperaba. Fue a recogerla al estudio, ella sin haberle dicho nada, lo hizo esperar en la puerta, alegando que no se demoraba. Pero la verdad si fue mucho lo que él tuvo que esperar.

Pasaron diez, veinte, treinta minutos y ella no salió. Así que él decidió entrar hasta su sala de tatuaje. Allí se encontró con una sorpresa.

-¿Te quieres casar conmigo?- le dijo ella.

-¿Qué?- preguntó él extrañado.

-Si, te dije que te iba a cubrir las manos de estrellas. Pues aquí están, abrelas.

Él sonrió, abrió las manos y vio como se le fueron llenando de estrellas de foamy verdes y amarillas.

-¿Pero no iban a ser tatuadas?- preguntó él.

-Pues es mejor que sean entregadas en las manos, así podrás ponerlas en la parte que quieras. Al menos ya están en tus manos, manos que quiero para siempre, atesoren las estrellas que toda mi vida he querido compartir y vengo cortando desde que tengo memoria amorosa, esperando a alguien que se atreviera a recibirlas- dijo ella.

-Yo las recibo y te juro que nunca las dejaré caer, simplemente porque en tus manos, la estrella más importante, está tatuada en la piel y ese es más amor del que yo algún día esperé- respondió él.

La besó, salieron tomados de las manos, ambas estrellas se juntaron en un cielo que quiso explotar, pero al final se quedó tranquilo.


Las aventuras del Rencor Violeta

abril 19, 2012

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El cantante

abril 9, 2012

Foto: Divine Void

Desde hacía dos años se venía ganando la vida cantando misas: Matrimonios y Requiems, su voz educada por la academia y un don que pasó por los genes de su madre le dieron la caracterización de ser uno de los mejores cantantes de la ciudad.

Desde hacía esos mismo dos años Mariana se había marchado de su vida, alegaba no ser capaz de tolerar el modo de vivir de un artista; donde había fines de semana que el trabajo y el dinero abundaban y otros donde se pasaban hasta meses sin que Jacobo, como se llamaba nuestro cantante, pegara trabajo. Así que sin nada que reprocharle y con el dolor del amor en el pecho, dejó ir a la que él había pensado, era la mujer de su vida.

Una tarde de martes, una llamada llegó al celular de Jacobo. Era la voz de un hombre, su tono lo hizo sentir joven; quería que el cantante hiciera su oficio en su matrimonio. Para ese tiempo, Jacobo ya era buscado por las altas esferas de la sociedad de Primavera y lo jugoso de la oferta y el lugar donde se iba a realizar la boda lo llevaron a aceptar.

Mariana y Julio eran los que se unían en santo matrimonio y como cada que escuchaba ese nombre femenino en una boda, Jacobo sintió que el corazón se le arrugaba, el estómago se le revolvía y sonreía con ironía. ¡Tanto amarla y tener que oficiar en la misa de matrimonio de ella, sería un golpe durísimo!

Dos meses después de ese contacto por celular, Jacobo recibió de nuevo una llamada de Julio, el novio. Era para informarle que la boda se oficiaría ese fin de semana. Jacobo sintió esa revoltura en el estómago, se acercaba el día y podría ser su Mariana, la del matrimonio ese sábado.

Sábado, tres de la tarde, con su piano, su mejor vestido, ese que se ponía cada que la mujer que se iba a casar se llamaba Mariana, su barba estaba bien arreglada y su voz perfectamente cuidada.

La iglesia era colonial, adornada con flores amarillas como a ella le gustaba. Empezaron las coincidencias. Julio llegó vestido de negro, impecable con su flor amarilla en el pecho. Los familiares del novio fueron llegando, todos impecables, los de la novia aún más, así era la familia de Mariana y hoy se comportaban tal y como Jacobo los recordaba.

La novia llegó a eso de las cuatro de la tarde, blanca como las nubes que tanto miraba Mariana en los prados de la finca donde acostumbraba pasar algunos fines de semana con Jacobo. El cantante sonrió irónicamente. No podía creer lo que estaba viendo: La mujer que más había amado estaba yendo al altar frente a él, pero con otro hombre.

La ceremonia inició. Jacobo sacó lo mejor de su voz, cerraba los ojos para no encontrarse la felicidad de ella. Aunque Mariana no lucía muy feliz, al menos no después de verlo con el piano que tantas veces interpretó para conquistarla.

Todo marchaba bien, el padre estaba a punto de declararlos marido y mujer cuando mencionó algo que ya casi en ningún matrimonio se mencionaba.

“Si alguien se opone a esta unión que hable ahora o calle para siempre”

Jacobo pensó: Yo me opongo, pero no lo dijo. La que sí lo dijo, fue Mariana.

-No puedo explicártelo- le dijo a Julio y salió corriendo delante de las caras de asombro de todos los invitados, incluso de Jacobo, que no lo creía.

Julio lloró, estuvo un rato sentado frente al altar, Jacobo guardó sus instrumentos, se acercó al novio y se despidió.

-Ya te pago- le dijo Julio.

-Tranquilo, ya me pagaste, relájate, no te puedo cobrar, no se pudo concretar tu boda así que por eso no puedo recibirte el dinero- le respondió Jacobo, le estrechó la mano y salió de la iglesia.

Cuando llegó a su casa, algo extraño se sentía en el ambiente. Un olor a Ralph Lauren inundaba la casa. Jacobo lo entendió: Mariana estaba en casa, no había botado la llave que él le había dado, es más había salido corriendo de la iglesia porque solo había alguien con quien siempre había querido casarse y ese era Jacobo.


Me gusta

marzo 20, 2012

Hay un problema moderno
que nos llena de preguntas
¿Por qué hay gente que se enoja
cuando no hundimos “Me gusta”?

A Juan le pasó una vez
estudiaba en Australia
y un día después de clase
en su muro vio un mensaje

Era de su novia, Clara,
que decía “Te amo, te extraño”
y Juan muy enternecido
la llamó para aceptarlo.

Yo también te amo y te extraño
en mi vida sos lo mejor
y no veo la hora ni el día
le dijo Juan con pasión.

¿Por qué no le das “Me gusta”?
Clarita le preguntó,
o ¿es que te da miedo y pena
que sepan de vos y yo?

Juan no entendía por qué
ella hacía ese reclamo
si a su consideración
es mejor una llamada

que un virtual “Te amo, te extraño”

Clara colgó ofuscada
no quería saber más
era el colmo lo que esta noche
le estaba haciendo Juan.

El “Me gusta” ha cambiado
la manera de pensar
hoy con él logras amores,
odios, líos y demás.

También este botoncito
ha enseñado a mendigar
que hoy no es cuestión aberrante
lo hacés para ganar.

Desde la chica de Armani
hasta el muchacho de Vans
todos te piden a gritos
un “me gusta” por el chat.

Y cuando te ven en la calle
con el carro que ganaron,
no se acuerdan del favor
que de rodillas clamaron.

Aunque todo esté cambiando
y el “Me gusta” va triunfando
nunca lograrán cambiar
lo que se siente escucharlo

De la boca de quien quieres,
no del click de un extraño
es mejor sentir un gusto
que verlo en pantalla pintado.


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