La Princesa y El Juglar

abril 23, 2010

Princesa ojos violeta

Foto: Flickr

Había nacido en una noche lluviosa, de esas que sorprenden por lo estruendosas que pueden llegar a ser, sus ojos color violeta dieron el pie para el nombre que su madre le pondría, Violeta, tal vez no era un nombre para una heredera al trono, pero tanto el rey como la reina aceptaron dárselo.

Creció entre tantos lujos que se imaginaba casándose con un príncipe azul, así como ella era una princesa violeta y soñaba con el color del que podrían ser sus hijos. ¿Violeta y Azul? ¿qué color combinarían? Poco a poco todo fue cambiando, los pretendientes llegando y ella rechazándolos, todos, llegando al punto de que se agotaran las esperanzas para que la princesa llegara a casarse.

Un día, un juglar, de esos que ya no existían en este mundo de princesas como Violeta, que ya no existían, llegó al pueblo. Caminando de un lado a otro, se encontró los ojos de la princesa ante sí, que deambulaban montados en un espectacular automóvil, ella lo miró a los ojos y simplemente le sonrió. Desde ese momento él, quedó flechado y simplemente se dedicó a escribirla. Averiguó quién era y cada noche a las doce, iba con su mandolina, se paraba frente a su ventana y cantaba para ella.

Ella, suspirando, sonriente, lo miraba desde su torre, escuchaba sus versos esos que recitaban “… y si algún día entre mis manos yo te tuviera hermosa mía, fundiría mis mañanas y jamás te dejaría…” y volvía a suspirar. Hasta que los perros y los guardias, esos guardias de fusil y gafas negras lo sacaban a patadas de su palacio, ese palacio inventado por el hombre para que habitaran las familias que pudieran accederlo.

Así ocurría cada noche, se fundían entre versos y suspiros, entre deseos y rosas, él era notas, ella era versos. Se miraban, se perdían, él, su juglar, lo único azul que tenía de un príncipe eran los ojos, él no imaginaba de que color podrían ser sus hijos, porque simplemente le interesaba tenerla.

Una de esas noches, cuando todos dormían, cuando él cantaba, ella decidió escaparse, fugarse con su juglar, lo miró a los ojos, empezó a descender por el enramado de flores que hacían una escalera hasta el suelo, él no paraba, se aceleraba, su sueño se haría realidad. Observaba cada paso que ella daba y le preocupaba que la encontraran, de repente, ella le gritó, le envió un beso con el viento y cayó. Él corrió a auxiliarla, ahí la encontró, intentó besarla, ella nunca reaccionó.


Cita concertada

abril 17, 2010

A Angelica por la propuesta.

Pareja eroticaLos nervios que me generaba solo pensar que vendría eran indescriptibles, ¿Qué le diría? ¿Qué pasaría entre nosotros? ¿Se decepcionaría al verme personalmente?

La había conocido por el videochat y solo por ahí nos habíamos visto, su cuerpo esbelto era algo que había podido observar varias veces cuando se cambiaba la ropa delante mío, pero hoy tenerla cerca, que venga desde su ciudad nada más que a verme me genera excitación.

Ahí estaba en la estación del metro que habíamos acordado, una camisa a cuadros rojos, un jean azul demasiado oscuro pero que jugaba con su camisa y que entre ambos le marcaban el cuerpo como me gustaba.

Me acerqué

-¿Eres Angélica?- le pregunté.

-Si- respondió y me dio un beso que escudriñó entre mi boca hasta encontrar mi lengua y hacerme erizar el cuello y los brazos de manera incontrolable.

Me sonrió y me tomó el brazo.

-¿qué quieres hacer?- me preguntó.

-No se, tu eres la que viene de otra ciudad, debería ser yo el que hiciera esa pregunta.-le dije

-Bueno, siendo así, llévame a tu casa.

Tomamos el metro y nos dirigimos a mi casa ubicada en la zona sur oriental de la ciudad, el sol estaba intenso y me hacía sudar, aunque ella sudaba más que yo, su origen de tierra fría la obligaba a eso.

Llegamos y sin mediar palabra, ni ofrecerle nada, fue soltándose el cabello que había recogido durante el viaje y abalanzándose sobre mi violentamente, sus piernas se aferraron a mi cintura mientras sus brazos rodeaban mi cuello para caer. Sus labios buscaron los míos y sentí como con un beso que le di, fue perdiendo la solidez en su agarre a causa de lo que estos también le producían.

Sonrió cuando abrió sus ojos y me encontró mirándola fijamente. Sus labios de color rosa intenso tuvieron que ser mojados por su lengua, cosa que fue subiendo mi lívido al máximo.

La descargué en la cama y allí uno a uno fui desabrochando los botones de la camisa, dejando al descubierto un par de senos que se acoplaron firmes a mi mano y que no demoraría en lamer para que no bajara la intensidad.

Ahí iba yo, con mis labios recorriendo ese pecho que se abrió ante mí, ella me miraba sin saber que hacer, sus manos temblando se aferraron a mi camiseta y la sacaron, algo que me distrajo y a lo que ella sumó un beso, pero que no hizo desviar mi objetivo.

Desde su boca retomé el camino y empecé por besar su cuello, su espalda se arqueó, sus poros se manifestaron y mi lengua empezó a hacer de las suyas.

Del cuello bajé al pecho y fui sumergiéndome en ese par de senos que había deseado durante mucho tiempo ya. Poco a poco mi respiración iba marcando su excitación, hasta que sin que ella se diera cuenta posé mi lengua en su aureola y luego en el pezón, moviéndola lentamente y sacando de su ser gemidos que nunca había escuchado.

-Discúlpame- dijo.

-Tranquila- respondí, poniendo la atención de mis manos en su pantalón.

Los dedos fueron desabrochándolo mientras la lengua seguía encantada con sus pezones que cada vez estaba mas erguidos ante tanto placer.

Cuando terminé de sacarle el pantalón encontré ante mi una tanga roja, excitante, asi como las películas dicen que produce ver ese color en momentos de pasión, me sentí, bajé con mis dedos hasta tocar el interior de sus piernas, su piel se fue erizando cada vez más y mi boca se despreocupó de los senos y empezaron a bajar por el abdomen, haciendo que se arqueara más y más. la lengua tocó el ombligo y ella gimió, extrañamente, me encantó el gemido y moví nuevamente la lengua en ese sitio, ella siguió gimiendo, mi mano fue recorriendo sus piernas las cuales tenían sus poros en una manifestación de placer que me gustaba demasiado, cuando llegó a la entrepierna sintió como la tanga estaba húmeda, tomé sus caderas, metí mis dedos por entre los hilos de esa tela que me separaba de su desnudez y empecé a sacarla lentamente con mis manos, mientras con mi lengua seguía bajando por su vientre.

La tanga llegó a sus tobillos, ella la sacó tranquilamente y yo no descuidé lo que venía haciendo con mi boca, la besé en el vientre, ella subió su cabeza, me miró, yo la miré, le sonreí y seguí con la lengua mojando su ingle, hasta que llegué a ese anacarado sitio que había deseado desde el momento en el que empecé a desabotonarle la camisa. Ahí mi lengua se posó, ella se arqueó aun más, el tono de los gemidos subió más y mis movimientos también, los dedos empezaron a tocarla justo debajo de donde mi lengua estaba haciendo lo suyo, cosa que la excitó aun más. La velocidad y la manera como los dedos estaban tocando, fueron los que hicieron que en menos de lo imaginado, un orgasmo asomara en la rigidez de su cuerpo, en la manera como sus piernas aprisionaron mi cabeza y en ese gritar de más y más que decían sus labios que no podían contener lo que estaban viviendo.

Ella con una sonrisa, un beso y una búsqueda de sus manos por lo que aun yo tenía escondido, pues no me había desnudado del todo, lo único que hizo fue sacarme el pantalón, me tiró sobre la cama, bajó mi ropa interior y empezó a recorrerme con la lengua desde el cuello hasta que se posó en mi sexo, su lengua lo recorrió, su boca se acopló a él, me miró, su cabello caía sobre su cara, pero se detuvo, abrió sus piernas sobre mí, lo tomó entre sus manos y poco a poco fue empezando con ese movimiento que hizo que entre ambos formáramos uno, sus gemidos hicieron juego con mi respiración, su sudor se fusionó al mío, el calor ya no nos importaba, solo estar ella y yo, dedicándonos el tiempo que hacía ratos veníamos prometiéndonos.

Mi cuerpo se movía a su ritmo, a mi ritmo, a veces cambiábamos de una a otra posición, su cuerpo volvió a arquearse, a erizarse, el mío estaba en ese mismo proceso, ella me tomó fuertemente, sus manos arañaron mi espalda, su respiración la sentí en mi oído, sus ojos se perdieron en la inmensidad, los mios estaban por el mismo sitio, pero no la perdían de vista, ella era mi perdición en este momento, la tomé fuertemente, ella gimió fuerte, yo suspiré, me ericé y acabé ahí mismo.

Nuestros cuerpos siguieron aferrados unos minutos más, fuimos a la cocina, sacamos algo de gaseosa para el calor, el sudor lo cambiamos por una buena ducha, donde todo volvió a empezar.


Estrellas en las manos VI

abril 14, 2010

Triguisar

En la foto: Triguisar

Me desperté como cada miércoles de los últimos dos años, me bañé tranquilamente, me vestí, tomé mi bolso que estaba hecho desde la noche anterior y bajé a la cocina.

Preparé cuatro sanduches de jamón, con lechuga, queso y mermelada de piña, como siempre los hacía, salí para la universidad y allá estuve hasta las dos de la tarde. Como cada miércoles, salí de clase, tomé un bus y me senté en el parque La Presidenta, saqué los sanduches, dos jugos, Triguisar me había acompañado, se sentó a mi lado y como buen padre, recurrí a hacer lo que hacía cada ocho días sin falta. Leerle a Triguisar.

Las gotas de lluvia empezaron a mojarnos el cabello, Triguisar empezó a llorar, le puse un buso y lo senté en mis piernas, mientras sacaba la sombrilla para que no nos mojáramos. Seguí leyéndole mientras miraba hacia la quebrada que musicalizaba cada palabra que decía.

Un par de manos blancas se posaron en mis ojos, empañaron mis lentes y unos labios me besaron la mejilla, yo no entendía que pasaba, luego sentí el olor de su loción Ralph Lauren, no había faltado a la cita que le puse hace dos años y que llevaba esperando cumpliera cada miércoles pero que ella no se había atrevido. Dejé que me invadiera su olor, abrí los ojos, me pellizqué y sentí como la lluvia caía por la remoción de la sombrilla que ella había hecho con su cuerpo hacia un lado.

-Créelo- me dijo.

Descargó un bolso lleno en el suelo, tomó a Triguisar, que ya se abalanzaba sobre ella, en sus manos, los vi sonreír como en las épocas en que bailaban juntos sobre la cama, ahí estaban, madre e hijo disfrutando de esa unión que tal vez el tiempo les había interrumpido.

-Y ¿a qué has venido?- le dije, sonriente y lleno de ilusión.

Ella no supo mediar palabra, simplemente extendió su mano izquierda, encontré en su muñeca la estrella color cyan que se había tatuado y que le había dicho hiciera en el ultimo mensaje que le envié al celular y que ella atesoraba en su memoria, “El día que quieras volver, pinta una estrella en tu mano izquierda y sonríeme, un beso, que todo te salga como lo tienes planeado. Te quiere y piensa.”.

Me pidió que le mostrara la mía, que era amarilla como su color de piel y estaba en mi muñeca derecha.

Nuestras manos se entrelazaron, nuestros labios volvieron a reencontrarse como lo habían hecho muchas veces años antes.

-Entonces ¿volvemos a casa?- Preguntó.

-Está bien- respondí.

Triguisar brincó de alegría y cantó el resto del camino a nuestro apartamento.


Instrucciones para escribir

abril 11, 2010

Escribiendo

Esto es una cosa que hice para mi clase de Literatura del semestre pasado, donde nos pedían que escribieramos los pasos para escribir y yo como ya me había basado en Cortazar y en sus “Instrucciones para subir escaleras” dije que podría tomarlo por ese lado, asi que escribí esto.

Escribir, según como lo hacemos los países occidentales, o sea los que descendemos de alguna nación conquistada por Alejandro Magno, es una tarea fácil, para hacerlo es si no tomar papel y lápiz y empezar a hacer esos pequeños mamarrachos que de a poco han ido evolucionando a convertirse en letras, aunque si usted es oriental, tambien puede hacerlo, solo que allá tal vez lo hagan en el sentido contrario a cómo lo hacemos los occidentales.

Entonces, empiece por buscar en el fondo de su escritorio la hoja más amarilla que encuentre y pose sobre ella su lápiz, eso sí, afílelo, sáquele punta y deslícelo, ah, y no olvide poner la hoja sobre el escritorio, porque escribir en el aire y sin un apoyo es muchas veces complicado.

Acerca de qué va a escribir, he ahí un gran problema, empiece por una carta a su mamá, si usted oscila entre los cuatro y los seis años y ya le enseñaron a escribir, bueno, no a la mamá, a alguien cercano y de su confianza, tal vez hasta los nueve, luego evolucione a la lista para el mercado, si usted está entre los seis y los once, luego empiece haciendo resúmenes cuando ya tenga algo asi como ocho o nueve años, ¿de qué? De lo que lea, de lo que vea, de todo. Luego por ahí a los doce enamórese y vuelva a la primera carta, pero no se la envíe a su mamá, exprese lo que pasa, lo que siente, lo que quiere hacerle a esa amada, pero no se la envíe a su mamá, ella está convencida que usted es un niño inocente que no piensa cosas obscenas; a los dieciséis usted ya debe ser un experto escribiendo cartas de amor y es por eso que puede empezar a leer a Rubén Darío, Shakespeare, Dumas y demás, quienes lo llevaran por la senda de la poesía, empiece escribiendo poesía, versos, que rimen, que no rimen, dance al nivel que el lápiz lo lleve, póngale música a lo que usted piensa, susúrrese al oído y plásmelo en papel. A estas alturas del partido ya no debe tener más hojas amarillas, entonces empiece con las blancas, vea como las líneas de los renglones le hablan y se pueden convertir en cuerdas de la guitarra que suena al fondo, pero siga escribiendo y no se desvíe. Escuche la armonía que ha creado con puntos y comas, leyéndola obviamente, luego de escribir poesía ya puede empezar con cuentos, novelas y demás historias que se le vengan a la cabeza.

Vuelva y sáquele punta al lápiz, piense qué ha escrito, revíselo, estúdielo, fíjese en cómo lo escribió y corríjalo, porque ya a los dieciséis usted quiere que su escritura sea leída, pues he aquí un dato, los lectores se aburren, entonces, escriba entretenido, porque se pueden dormir y si se duermen leyendo un poema suyo, no querrá saber que pasará si les envía un cuento. Revíselo muy bien, si no le gustó, reescríbalo, pero eso sí, vea que es entretenido y que lo que menos tiene es palabras desconocidas o inventadas por usted, porque usted tiene el diccionario en la mano, pero al lector le da pereza coger uno para buscar las palabras que está leyendo en su cuento, entonces no sea complicado con tecnicismos, a menos que la ocasión lo requiera.

Finalmente, cuando ya vea que su escrito está finalizado, ponga un punto final, descargue el lápiz sobre el escritorio y envuelva la hoja amarilla entre sus manos para depositarla en la basura, porque estoy seguro que no va a querer volver a escribir después de leer éstas instrucciones.


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